Lluvia.
Noche.
Miedo.
Así se me olvida la poesía.

¿Qué es la vida?
Una montaña rusa de emociones, un vaivén de sensaciones.
Es buscar una fortuna, que ironía. Y yo que pensaba que la fortuna estaba en tus labios o entre tus brazos. Pensaba que estaba en todo el amor que sentía. En estas palabras que día a día invento. En los sabores, los colores. En el brillo de mis ojos, en la luna o en tu aliento.

Un poco tarde me entere que la fortuna está en hacer lo que no nos gusta para conseguir dinero. En no tener tiempo, vivir cansados y sin energías. En imposiciones y complacencias. En asegurar un futuro incierto, en pasar por encima del corazón y los sentimientos. En vivir con el pánico a sentir. En no entregarse, en evitar las brisas y guardarse. En no arriesgarse, en esconderse y no contar las desdichas. En solo “amarse” y no amar al sol y a las montañas, a los niños y los cuerpos perfectamente imperfectos. En seguir reglas y un camino lineal que no da permiso de tropezar.

Sol.
Día.
Alegrías.
De fondo suena una canción.

Y sueño.
Sueño con que bailemos sin un son, con que desnudemos al corazón. Con tus pestañas latiendo como mariposas sobre mi piel, con la tormenta que quiero desatar a tu alrededor. Sueño con todas las historias que no he escrito de los dos. Sueño que estoy creando letras al otro lado del mar, mientras te escucho ser feliz porque ya nos vamos a encontrar. Sueño que todos los que quiero sonríen sin parar, sin prejuicios, que siguen sus pasiones, las que deberían ser sus únicas ambiciones.

Me imagino que la fortuna y los sueños están en ti, en tus amores y exaltaciones. En la belleza de la compañía, en mirar el cielo y verle formas. En tomar la mano de un niño y compartir su inocencia. En jugar, en cantar, en bailar. En no pensar tanto las cosas y dejarse llevar. En soñar y luchar para hacer los sueños realidad. En intentar brillar entre tanta penumbra. En amar, amar como si la vida misma dependiera de ello; a la creación, los perritos, las flores y las tortugas. A uno mismo, su cuerpo, sus piernas grandes, sus dedos cortos y sus ojos brillantes. A la familia que hasta en los fracasos está ahí. A los amigos que aunque vienen y van producen tantas alegrías y generan tantas sonrisas. A la pareja, a esa pasión que produce tener una, a las mariposas en el estómago, al ardor en el vientre y hasta al miedo a perderse. Amar al trabajo, a la comida, a las cosas pequeñas que son las que llenan el espíritu.

Pienso que son otros los que tarde se enteraron que la fortuna es tener una vida
A M A R I L L A.

AMAR Y YA.

 

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